La violencia de género es una de las violencias con mayor impacto social, tanto por el elevado porcentaje de población afectada, como por el grado de aceptación y normalización social de que goza. La violencia contra las mujeres se ejerce mayoritariamente en el ámbito privado, lo que dificulta su detección y persecución.

La violencia que sufren las mujeres está directamente vinculada a la desigual distribución del poder y a las relaciones asimétricas que se establecen entre hombres y mujeres, que perpetúa la desvalorización de lo femenino y su subordinación a lo masculino.

El machismo, aunque en retroceso como discurso público, sigue estando muy presente en el espacio privado, lugar donde se producen mayoritariamente los actos violentos de género. Así, el espacio más inseguro para las mujeres es el espacio privado, donde los abusos y la violencia se perpetran por personas conocidas en un espacio “supuestamente seguro”, lo que lo convierte en una violencia muy invisibilizada.

Las ciudades y territorios de paz deben fomentar políticas que incorporen la perspectiva de género, comprometerse con una política local feminista. Además, poner en el centro la prevención de la discriminación y las violencias contra las mujeres y colectivos LGTBI+.