El extremismo violento es un concepto amplio que recoge las acciones violentas cometidas por personas radicalizadas como pueden ser actos terroristas, violencia política o actuaciones violentas por odios. La finalidad de estos actos es alcanzar objetivos políticos, ideológicos, religiosos, sociales o, incluso, económicos. El gran reto es cómo hacer frente a esta amenaza proveniente del mensaje de intolerancia religiosa, cultural, social o política que sustenta estas actuaciones violentas.

Los extremistas violentos se crean, se forman y se fomentan. No hay una causa única ni un único camino hacia el proceso de radicalización. El extremismo violento se conforma por un amplio abanico de factores. Tampoco existe ni la solución ni el modelo perfecto para combatirlo. Por ello, es necesario el “poder de persuasión” en sus diversas formas, introduciendo nuevas narrativas en las redes sociales y otras estrategias, con el fin de prevenir esta amenaza.

Para detener el proceso de radicalización extremista hay que partir siempre del cumplimiento y defensa de los derechos humanos, del Estado de Derecho, del respeto a todas las diferencias étnicas, culturales, religiosas o de género, así como apostar por la educación en valores, convivencia, paz y en el empoderamiento de la juventud como elementos fundamentales para combatir las violencias.